A ojos de un ciudadano de un país protestante, lo de España es irracional. Además, Suecia es el país de Europa que más tardó es incorporar el cristianismo y, seguramente, uno de los que más rápidamente lo ha ido abandonando. Es por ello que los suecos tienden a ser muy críticos con la autoridad, en sintonía con otros países nórdicos, donde la exigencia con lo público es mucho mayor que en el sur de Europa. En cambio, un país con exceso de herencia católica, el principio de autoridad está tan arraigado en el pueblo que se tiende a aceptar el abuso del poderoso, se es muy conformista, se es resignado, y sólo se producen pataletas puntuales cuando se toca algo cercano. Digamos que la herencia católica protege al poderoso y no puede evitar que el ciudadano reaccione en aquellos contados casos en que se atenta contra su sancta sanctorum (familia, casa, trabajo).